/ martes 9 de enero de 2024

Los intereses de Turquía, la Otan y Suecia

La semana pasada, la comisión de asuntos exteriores el parlamento de Turquía aprobó la solicitud de Suecia para su adhesión a la Organización del Tratado Atlántico Norte (OTAN). Tal grupo legislativo, controlado por el partido gobernante Justicia y Desarrollo (AKP), determinó que esta decisión es un avance para la admisión de Estocolmo, pero el proyecto todavía debe ser aprobado en la Asamblea General por todos los legisladores.

Esto implica que varias negociaciones se tengan que llevar a cabo aún entre legisladores turcos, estadounidenses, húngaros, al mismo tiempo que se deban llegar a acuerdos entre Estados. Mientras, esta acción de Ankara aumenta las probablidades de Occidente sobre extensión de influencia militar.

Primeramente, la aprobación de la solicitud de adhesión de Suecia a la OTAN se propicia en medio de la gira regional del Secretario de Estado, Anthony Blinken, para discutir el conflicto en Gaza, así como avanzar en las negociaciones de Estocolmo. Tal paso dado por los legisladores de Turquía refleja la eficiencia en el trabajo del Jefe de la Diplomacia de Estados Unidos. Lo cual es clave para suavizar las tensiones geopolíticas que se han recrudecido desde los ataques a Israel en octubre y que han debilitado la popularidad del Presidente Joe Biden para la carrera presidencial de este año. Además, esta cesión por parte de Ankara se convierte en un activo de campaña para Biden y genera pronósticos favorecedores de la influencia de Occidente pese a la discusión entre demócratas y republicanos sobre la venta de jets de combate al ejército turco.

No obstante, aún existen dilemas entre las otras partes. En el caso de Turquía, tal como lo declaró la comisión de asuntos exteriores, la solicitud todavía debe ser aprobada por la Asamblea General. Si bien en ésta el AKP y los partidos aliados, cuentan con la mayoría, existe un debate con la facción nacionalista. Los legisladores pertenecientes a esta ala critican que el gobierno de Suecia ha hecho un trabajo limitado en el robustecimiento de medidas antiterroristas, al mismo tiempo que denuncian el albergue de miembros del Partido de los Trabajadores del Kurdistan. Los cuales son considerados como una amenaza a la seguridad nacional por parte del gobierno debido a su presunta participación en un intento de golpe de Estado al Presidente Recep Tayyip Erdoğan en 2016. Pese a la coalición con el partido gobernante, Ankara enfrenta una polarización.

En el caso de Hungría, éste ha tomado ventaja de la situación para fortalecer su posición política dentro de la Unión Europea, la OTAN, así como en las negociaciones con Rusia. Primero, la Unión Europea congeló miles de millones de fondos para Budapest debido a las críticas de Estocolmo hacia el gobierno por la represión a las minorías y las amenazas a la democracia. En respuesta a esto la administración de Viktor Orbán ha utilizado su poder de veto para retrasar la adhesión del Estado nórdico al bloque militar. Tal estrategia de presión ha fungido como una medida de contensión a la expansión armamentística de Occidente, al mismo tiempo que ha fortalecido su relación con Rusia.

Misma que resulta beneficiosa para la nación húngara al no arriesgar su abasto energético en el reacomodo geopolítico.

Vale la pena señalar que Turquía es el mayor obstáculo para la admisión de Suecia a la OTAN. Al intentar posicionarse como axis de la nueva geopolítica y utilizar factores domésticos, Ankara ha politizado, junto con Hungría, la cooperación militar de Occidente. Por su parte, Washington espera que esta semana la organización se amplíe a 32 miembros, pero la estabilidad del bloque también estará sujeta a sus elecciones presidenciales. Mientras, la administración Biden explora cualquier alternativa porque Erdogan continúe cooperando con Occidente.

La semana pasada, la comisión de asuntos exteriores el parlamento de Turquía aprobó la solicitud de Suecia para su adhesión a la Organización del Tratado Atlántico Norte (OTAN). Tal grupo legislativo, controlado por el partido gobernante Justicia y Desarrollo (AKP), determinó que esta decisión es un avance para la admisión de Estocolmo, pero el proyecto todavía debe ser aprobado en la Asamblea General por todos los legisladores.

Esto implica que varias negociaciones se tengan que llevar a cabo aún entre legisladores turcos, estadounidenses, húngaros, al mismo tiempo que se deban llegar a acuerdos entre Estados. Mientras, esta acción de Ankara aumenta las probablidades de Occidente sobre extensión de influencia militar.

Primeramente, la aprobación de la solicitud de adhesión de Suecia a la OTAN se propicia en medio de la gira regional del Secretario de Estado, Anthony Blinken, para discutir el conflicto en Gaza, así como avanzar en las negociaciones de Estocolmo. Tal paso dado por los legisladores de Turquía refleja la eficiencia en el trabajo del Jefe de la Diplomacia de Estados Unidos. Lo cual es clave para suavizar las tensiones geopolíticas que se han recrudecido desde los ataques a Israel en octubre y que han debilitado la popularidad del Presidente Joe Biden para la carrera presidencial de este año. Además, esta cesión por parte de Ankara se convierte en un activo de campaña para Biden y genera pronósticos favorecedores de la influencia de Occidente pese a la discusión entre demócratas y republicanos sobre la venta de jets de combate al ejército turco.

No obstante, aún existen dilemas entre las otras partes. En el caso de Turquía, tal como lo declaró la comisión de asuntos exteriores, la solicitud todavía debe ser aprobada por la Asamblea General. Si bien en ésta el AKP y los partidos aliados, cuentan con la mayoría, existe un debate con la facción nacionalista. Los legisladores pertenecientes a esta ala critican que el gobierno de Suecia ha hecho un trabajo limitado en el robustecimiento de medidas antiterroristas, al mismo tiempo que denuncian el albergue de miembros del Partido de los Trabajadores del Kurdistan. Los cuales son considerados como una amenaza a la seguridad nacional por parte del gobierno debido a su presunta participación en un intento de golpe de Estado al Presidente Recep Tayyip Erdoğan en 2016. Pese a la coalición con el partido gobernante, Ankara enfrenta una polarización.

En el caso de Hungría, éste ha tomado ventaja de la situación para fortalecer su posición política dentro de la Unión Europea, la OTAN, así como en las negociaciones con Rusia. Primero, la Unión Europea congeló miles de millones de fondos para Budapest debido a las críticas de Estocolmo hacia el gobierno por la represión a las minorías y las amenazas a la democracia. En respuesta a esto la administración de Viktor Orbán ha utilizado su poder de veto para retrasar la adhesión del Estado nórdico al bloque militar. Tal estrategia de presión ha fungido como una medida de contensión a la expansión armamentística de Occidente, al mismo tiempo que ha fortalecido su relación con Rusia.

Misma que resulta beneficiosa para la nación húngara al no arriesgar su abasto energético en el reacomodo geopolítico.

Vale la pena señalar que Turquía es el mayor obstáculo para la admisión de Suecia a la OTAN. Al intentar posicionarse como axis de la nueva geopolítica y utilizar factores domésticos, Ankara ha politizado, junto con Hungría, la cooperación militar de Occidente. Por su parte, Washington espera que esta semana la organización se amplíe a 32 miembros, pero la estabilidad del bloque también estará sujeta a sus elecciones presidenciales. Mientras, la administración Biden explora cualquier alternativa porque Erdogan continúe cooperando con Occidente.

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