/ martes 28 de noviembre de 2023

Lucha de poder

El 15 de noviembre, Joe Biden y Xi Jinping se reunieron en San Francisco después de varios intentos para restablecer la comunicación en el marco del reacomodo geopolítico. Este es el segundo encuentro entre los mandatarios, el primero siendo apenas en noviembre de 2022 en el Foro de Cooperación Económica de Asia Pacifico (APEC) en Indonesia. Igualmente, el presidente chino no había visitado Estados Unidos desde el 2017 cuando se reunió con el entonces presidente Donald Trump en Florida. Esto denota el acrecentamiento de tensiones debido a 2 factores: El engrandecimiento de la brecha de intereses nacionales y la reducción del margen de cooperación para el alcance de acuerdos eficientes.

Asimismo, el surgimiento de eventos que comprometen los intereses de los actores en el sistema internacional, como la invasión a Ucrania, el globo chino espía, la guerra Israel-Hamas, sabotean reuniones bilaterales clave. Si en junio y julio hubo encuentros de alto perfil con las visitas a Beijing del Secretario de Estado Antony Blinken, así como la Secretaria del Tesoro Janet Yellen, la falta de contacto entre los presidentes reflejaba todavía la falta de incentivos para cooperar estratégicamente. Es por eso que, con el acrecentamiento de tensiones en la arena mundial, recientemente con el conflicto palestino-israelí, la reunión de estos líderes es fundamental para evitar errores de cálculo que sobrepasan fronteras. Con dilemas geopolíticos, la coordinación de los actores que operan bajo la Realpolitik es obligatoria.

En esta línea, en uno de los encuentros más necesitados, hubo ganancias y pérdidas. Primero, el hecho de que después de un año, Joe Biden y Xi Jinping hayan tenido pláticas oficiales, es un punto a favor para la mitigación de riegos. Tras la visita de la entonces Presidenta de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi a Taiwán en agosto 2022, el gobierno chino cortó los canales de comunicación con Estados Unidos y la isla, lo cual acrecentó la incertidumbre en materia militar debido a la adopción de una política exterior más agresiva. Por lo que, con el restablecimiento del diálogo en materia militar, aumenta la capacidad de los gobiernos para prevenir conflictos mayores. Hoy, es evidente que el robustecimiento de la transparencia armamentística en el marco de la reconfiguración geopolítica es indispensable.

Adicionalmente, la urgencia por negociar y, con ello, buscar una manera para coexistir en la aren global, da paso a que los Estados puedan tener un mayor control sobre problemas domésticos que afectan a los ciudadanos. En este caso, la crisis de salud en la que los estadounidenses están inmersos debido al tráfico de opioide. El gobierno chino se comprometió a reforzar los controles de exportación de elementos usados para la producción de fentanilo, así como a establecer en conjunto un grupo de trabajo de antinarcóticos. Esto implica que las potencias amplíen sus canales de comunicación al igual que las materias en las que cooperan para aspirar a una competencia responsable.

Sin embargo, en la mesa de negociación pesan más las pérdidas para ambos Estados. Aunque el encuentro diplomático redujo la incertidumbre, aún existen problemas en los que las potencias difieren ampliamente: La regulación de la inteligencia artificial, el paradero de Taiwán, el escalamiento de Israel-Hamas, la invasión a Ucrania y el desarme nuclear. De manera que, pese a la larga duración de la reunión, la brecha de intereses aún es mayor, lo cual explica porqué fallaron en alcanzar un acuerdo sólido. Cuando los actores no conocen fronteras, las implicaciones de cualquier decisión son mayores.

Como consecuencia, la arena global se ve sumergida en ambigüedad y más formalismos diplomáticos que cooperación estratégica. En un reacomodo geopolítico con tecnología avanzada y un riesgo de destrucción mutua asegurada, Washington y Beijing deberán prevenir graves daños en su lucha de poder.

El 15 de noviembre, Joe Biden y Xi Jinping se reunieron en San Francisco después de varios intentos para restablecer la comunicación en el marco del reacomodo geopolítico. Este es el segundo encuentro entre los mandatarios, el primero siendo apenas en noviembre de 2022 en el Foro de Cooperación Económica de Asia Pacifico (APEC) en Indonesia. Igualmente, el presidente chino no había visitado Estados Unidos desde el 2017 cuando se reunió con el entonces presidente Donald Trump en Florida. Esto denota el acrecentamiento de tensiones debido a 2 factores: El engrandecimiento de la brecha de intereses nacionales y la reducción del margen de cooperación para el alcance de acuerdos eficientes.

Asimismo, el surgimiento de eventos que comprometen los intereses de los actores en el sistema internacional, como la invasión a Ucrania, el globo chino espía, la guerra Israel-Hamas, sabotean reuniones bilaterales clave. Si en junio y julio hubo encuentros de alto perfil con las visitas a Beijing del Secretario de Estado Antony Blinken, así como la Secretaria del Tesoro Janet Yellen, la falta de contacto entre los presidentes reflejaba todavía la falta de incentivos para cooperar estratégicamente. Es por eso que, con el acrecentamiento de tensiones en la arena mundial, recientemente con el conflicto palestino-israelí, la reunión de estos líderes es fundamental para evitar errores de cálculo que sobrepasan fronteras. Con dilemas geopolíticos, la coordinación de los actores que operan bajo la Realpolitik es obligatoria.

En esta línea, en uno de los encuentros más necesitados, hubo ganancias y pérdidas. Primero, el hecho de que después de un año, Joe Biden y Xi Jinping hayan tenido pláticas oficiales, es un punto a favor para la mitigación de riegos. Tras la visita de la entonces Presidenta de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi a Taiwán en agosto 2022, el gobierno chino cortó los canales de comunicación con Estados Unidos y la isla, lo cual acrecentó la incertidumbre en materia militar debido a la adopción de una política exterior más agresiva. Por lo que, con el restablecimiento del diálogo en materia militar, aumenta la capacidad de los gobiernos para prevenir conflictos mayores. Hoy, es evidente que el robustecimiento de la transparencia armamentística en el marco de la reconfiguración geopolítica es indispensable.

Adicionalmente, la urgencia por negociar y, con ello, buscar una manera para coexistir en la aren global, da paso a que los Estados puedan tener un mayor control sobre problemas domésticos que afectan a los ciudadanos. En este caso, la crisis de salud en la que los estadounidenses están inmersos debido al tráfico de opioide. El gobierno chino se comprometió a reforzar los controles de exportación de elementos usados para la producción de fentanilo, así como a establecer en conjunto un grupo de trabajo de antinarcóticos. Esto implica que las potencias amplíen sus canales de comunicación al igual que las materias en las que cooperan para aspirar a una competencia responsable.

Sin embargo, en la mesa de negociación pesan más las pérdidas para ambos Estados. Aunque el encuentro diplomático redujo la incertidumbre, aún existen problemas en los que las potencias difieren ampliamente: La regulación de la inteligencia artificial, el paradero de Taiwán, el escalamiento de Israel-Hamas, la invasión a Ucrania y el desarme nuclear. De manera que, pese a la larga duración de la reunión, la brecha de intereses aún es mayor, lo cual explica porqué fallaron en alcanzar un acuerdo sólido. Cuando los actores no conocen fronteras, las implicaciones de cualquier decisión son mayores.

Como consecuencia, la arena global se ve sumergida en ambigüedad y más formalismos diplomáticos que cooperación estratégica. En un reacomodo geopolítico con tecnología avanzada y un riesgo de destrucción mutua asegurada, Washington y Beijing deberán prevenir graves daños en su lucha de poder.

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