/ miércoles 15 de enero de 2020

Todavía puedes emprender tus propósitos de este año

Cada inicio de año nos marcamos objetivos, pero fallamos en su planificación y en la ejecución. Han pasado ya semanas desde que inició este año y aún no sabemos qué es lo que esperamos del 2020, porque no siempre lo planeamos de forma correcta, no llegamos a las expectativas soñadas y eso nos desalienta aun cuando tenemos una gran parte del año por delante.

Así, podemos plantearnos objetivos y metas, que igual que los propósitos de año nuevo, deben seguir una estructura y un orden que en conjunto, harán que podamos alcanzarlos.

Los propósitos de año nuevo son todas aquellas metas que queremos alcanzar durante los próximos 12 meses. Es una tradición que siguen muchas personas al finalizar cada año y que supone una forma optimista de empezar una nueva etapa. Escribir esa lista y que lo orientemos al verdadero éxito depende de nosotros.

Hay que encontrar y definir nuestro objetivo. No debemos hacer listas infinitas de propósitos, sino que tenemos que escoger pocos que impliquen un auténtico reto, porque desarrollamos más nuestra vida cuando nos planteamos verdaderos desafíos, no cuando aspiramos a objetivos fáciles de alcanzar.

Debemos identificar nuestro motivo o propósito, porque se trata de aclarar qué hay detrás de nuestros objetivos, qué elemento del pasado nos empuja o qué motivación nos mueve a plantearnos ese reto concreto y si tenemos claro el porqué, podremos superar en mejores condiciones las dificultades y las adversidades.

Asimismo, debemos identificar nuestros recursos, ya que las circunstancias de cada persona condicionan sus posibilidades de alcanzar logros, y aunque a veces nos emocionamos con ideales maravillosos, no tenemos los recursos para ponerlos en marcha y si la suerte existe, las circunstancias influyen. Por eso, debemos adecuar nuestros objetivos a la realidad e identificar por dónde se nos escapa la energía para que nos ocurran las cosas positivas que buscamos.

Necesitamos aliados, las personas que nos rodean son determinantes para nuestro bienestar, para sentirnos protegidos o desprotegidos. No se trata de hacer una red de contactos, sino en identificar específicamente qué personas y qué apoyos vamos a necesitar para lograr el objetivo que tenemos en mente.

Después, a dibujar nuestro plan de acción. En este apartado se puede utilizar una de las técnicas de priorización más sencillas, MoSCoW, por su acrónimo en inglés. Se requiere conformar un listado con aquellas acciones imprescindibles (M) para alcanzar lo que deseamos; cuáles son importantes (S); cuáles son prescindibles (C) y cuáles descartables (W). Este análisis consigue prepararnos para tomar decisiones más claras.

Estas metas son de plazos, hay que hacer seguimiento y si hace falta, debemos priorizar, considerando qué elementos clave teníamos que haber conseguido (no confundir con acciones por hacer), cuáles hemos conseguido y cuáles no, qué ha pasado en el caso de que no los hayamos alcanzado, pero sin caer en explicaciones o excusas, qué vamos a hacer para corregirlo y a quién se lo contaremos o pediremos ayuda.

Así, las posibilidades de conseguir que nos ocurran más cosas positivas en nuestra vida personal y profesional están ligadas a nuestra capacidad para definir los objetivos. En encontrar el porqué, pero también en la medida en la que somos capaces de identificar los recursos, nuestros aliados y elaboramos un plan de acción con su seguimiento.

No nos dejemos intimidar por la falta de control, autosabotaje, estrés y emociones negativas que acaban teniendo repercusiones negativas a la hora de ejecutar los pasos necesarios para lograr los propósitos, sabemos que podemos y lo más importante, podemos hacer que suceda.

Cada inicio de año nos marcamos objetivos, pero fallamos en su planificación y en la ejecución. Han pasado ya semanas desde que inició este año y aún no sabemos qué es lo que esperamos del 2020, porque no siempre lo planeamos de forma correcta, no llegamos a las expectativas soñadas y eso nos desalienta aun cuando tenemos una gran parte del año por delante.

Así, podemos plantearnos objetivos y metas, que igual que los propósitos de año nuevo, deben seguir una estructura y un orden que en conjunto, harán que podamos alcanzarlos.

Los propósitos de año nuevo son todas aquellas metas que queremos alcanzar durante los próximos 12 meses. Es una tradición que siguen muchas personas al finalizar cada año y que supone una forma optimista de empezar una nueva etapa. Escribir esa lista y que lo orientemos al verdadero éxito depende de nosotros.

Hay que encontrar y definir nuestro objetivo. No debemos hacer listas infinitas de propósitos, sino que tenemos que escoger pocos que impliquen un auténtico reto, porque desarrollamos más nuestra vida cuando nos planteamos verdaderos desafíos, no cuando aspiramos a objetivos fáciles de alcanzar.

Debemos identificar nuestro motivo o propósito, porque se trata de aclarar qué hay detrás de nuestros objetivos, qué elemento del pasado nos empuja o qué motivación nos mueve a plantearnos ese reto concreto y si tenemos claro el porqué, podremos superar en mejores condiciones las dificultades y las adversidades.

Asimismo, debemos identificar nuestros recursos, ya que las circunstancias de cada persona condicionan sus posibilidades de alcanzar logros, y aunque a veces nos emocionamos con ideales maravillosos, no tenemos los recursos para ponerlos en marcha y si la suerte existe, las circunstancias influyen. Por eso, debemos adecuar nuestros objetivos a la realidad e identificar por dónde se nos escapa la energía para que nos ocurran las cosas positivas que buscamos.

Necesitamos aliados, las personas que nos rodean son determinantes para nuestro bienestar, para sentirnos protegidos o desprotegidos. No se trata de hacer una red de contactos, sino en identificar específicamente qué personas y qué apoyos vamos a necesitar para lograr el objetivo que tenemos en mente.

Después, a dibujar nuestro plan de acción. En este apartado se puede utilizar una de las técnicas de priorización más sencillas, MoSCoW, por su acrónimo en inglés. Se requiere conformar un listado con aquellas acciones imprescindibles (M) para alcanzar lo que deseamos; cuáles son importantes (S); cuáles son prescindibles (C) y cuáles descartables (W). Este análisis consigue prepararnos para tomar decisiones más claras.

Estas metas son de plazos, hay que hacer seguimiento y si hace falta, debemos priorizar, considerando qué elementos clave teníamos que haber conseguido (no confundir con acciones por hacer), cuáles hemos conseguido y cuáles no, qué ha pasado en el caso de que no los hayamos alcanzado, pero sin caer en explicaciones o excusas, qué vamos a hacer para corregirlo y a quién se lo contaremos o pediremos ayuda.

Así, las posibilidades de conseguir que nos ocurran más cosas positivas en nuestra vida personal y profesional están ligadas a nuestra capacidad para definir los objetivos. En encontrar el porqué, pero también en la medida en la que somos capaces de identificar los recursos, nuestros aliados y elaboramos un plan de acción con su seguimiento.

No nos dejemos intimidar por la falta de control, autosabotaje, estrés y emociones negativas que acaban teniendo repercusiones negativas a la hora de ejecutar los pasos necesarios para lograr los propósitos, sabemos que podemos y lo más importante, podemos hacer que suceda.

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