/ martes 12 de diciembre de 2023

Decisiones para China y Europa

El 5 de diciembre, Moody’s recortó la nota soberana de China de estable a negativa debido al incremento de la deuda y la crisis inmobiliaria en la que el país se ha sumergido. Factor que ha provocado una fuga de capitales, inflación, así como una desestabilización con sus principales socios por el acrecentamiento de incertidumbre en el escenario financiero.

Si bien el gobierno chino ha afirmado que ambos escenarios en la económica son controlables, sus socios en Occidente aun así muestran preocupación por las tensiones geopolíticas que amenazan sus relaciones comerciales. La alta divergencia en la arena global junto con una economía tambaleante que genera una calificación baja, sin duda arriesga la credibilidad al exterior de la segunda potencia.

En línea con esto, el 7 de diciembre el gobierno chino y la Unión Europea sostuvieron reuniones en Pekín con el fin de estabilizar su relación comercial. Ya que el reacomodo geopolítico ha implicado alteraciones económicas por los cambios en las dinámicas intercontinentales. Por lo que a las pláticas fue imprescindible que asistieran Úrsula Von der Leyen junto con Charles Michel de la Comisión Europea y el Consejo Europeo respectivamente. Éstos expresaron su interés por disminuir los riesgos comerciales encrudecidos a partir de las tensiones geopolíticas que han propiciado un déficit de 400 millones de euros con China. Lo cual ha implicado incertidumbre para las empresas tanto chinas, como europeas, que contribuyen en sectores estratégicos para su economía.

Asimismo, la complejidad de la relación comercial explica la necesidad de los funcionarios para convocar una reunión de alto perfil por primera vez en cuatro años. La manera en que China ha acaparado la industria manufacturera, sobre todo la automotriz, una de las más importantes para Europa por la cual la relación se ha intrincado. Esto debido a una investigación lanzada por la Unión Europea en septiembre hacia los vehículos eléctricos chinos subsidiados por Pekín, los cuales han abarcado buena parte del mercado europeo afectando a compañías locales, así como a sus trabajadores. Factor que ha implicado que la integración económica recrudezca sus políticas proteccionistas y que las exportaciones chinas se vean afectadas. Por lo que ambos lados denuncian las prácticas comerciales del otro en por amenazar potencialmente sus intereses nacionales.

Por un lado, en medio del reacomodo geopolítico, la Unión Europea, se ve obligada a priorizar su seguridad nacional, la cual engloba esferas como economía, energía y tecnología. Con el intento de prescindir del petróleo ruso y la fuerte relación entre Rusia y China, el viejo continente para este momento ya le queda claro la importancia de reducir su dependencia hacia cualquier actor. De que continúe una brecha con los intereses de China, la relación comercial entre estos dos podría empeorar. Esto porque además de restringir la entrada de productos chinos, las exportaciones tecnológicas se verán todavía más limitadas. En el marco de los cambios en las dinámicas de interacción encontrar un socio que se ajuste a sus necesidades no es fácil, menos con alta polarización.

Por otro lado, China ha restringido las exportaciones de minerales fundamentales en la manufactura de semiconductores, los cuales son usados para cualquier tipo de industria sofisticada, entre ellas la automotriz. Esto en respuesta a las medidas proteccionistas europeas las cuales Xi Jinping denuncia como acciones que politizan el comercio internacional. Claro que una calificación soberana negativa los socios comerciales se desincentivan en continuar con una cooperación en esta materia, sobre todo cuando existe un déficit de este grado y las condiciones geopolíticas no parecen facilitar el panorama.

Finalmente, con un cliente tan importante como Europa, China deberá cooperar para mantener su fortaleza industrial frente a la región. Mejorar su situación doméstica y reducir diferencias internacionales podría darle una mejor posición en el continente.

El 5 de diciembre, Moody’s recortó la nota soberana de China de estable a negativa debido al incremento de la deuda y la crisis inmobiliaria en la que el país se ha sumergido. Factor que ha provocado una fuga de capitales, inflación, así como una desestabilización con sus principales socios por el acrecentamiento de incertidumbre en el escenario financiero.

Si bien el gobierno chino ha afirmado que ambos escenarios en la económica son controlables, sus socios en Occidente aun así muestran preocupación por las tensiones geopolíticas que amenazan sus relaciones comerciales. La alta divergencia en la arena global junto con una economía tambaleante que genera una calificación baja, sin duda arriesga la credibilidad al exterior de la segunda potencia.

En línea con esto, el 7 de diciembre el gobierno chino y la Unión Europea sostuvieron reuniones en Pekín con el fin de estabilizar su relación comercial. Ya que el reacomodo geopolítico ha implicado alteraciones económicas por los cambios en las dinámicas intercontinentales. Por lo que a las pláticas fue imprescindible que asistieran Úrsula Von der Leyen junto con Charles Michel de la Comisión Europea y el Consejo Europeo respectivamente. Éstos expresaron su interés por disminuir los riesgos comerciales encrudecidos a partir de las tensiones geopolíticas que han propiciado un déficit de 400 millones de euros con China. Lo cual ha implicado incertidumbre para las empresas tanto chinas, como europeas, que contribuyen en sectores estratégicos para su economía.

Asimismo, la complejidad de la relación comercial explica la necesidad de los funcionarios para convocar una reunión de alto perfil por primera vez en cuatro años. La manera en que China ha acaparado la industria manufacturera, sobre todo la automotriz, una de las más importantes para Europa por la cual la relación se ha intrincado. Esto debido a una investigación lanzada por la Unión Europea en septiembre hacia los vehículos eléctricos chinos subsidiados por Pekín, los cuales han abarcado buena parte del mercado europeo afectando a compañías locales, así como a sus trabajadores. Factor que ha implicado que la integración económica recrudezca sus políticas proteccionistas y que las exportaciones chinas se vean afectadas. Por lo que ambos lados denuncian las prácticas comerciales del otro en por amenazar potencialmente sus intereses nacionales.

Por un lado, en medio del reacomodo geopolítico, la Unión Europea, se ve obligada a priorizar su seguridad nacional, la cual engloba esferas como economía, energía y tecnología. Con el intento de prescindir del petróleo ruso y la fuerte relación entre Rusia y China, el viejo continente para este momento ya le queda claro la importancia de reducir su dependencia hacia cualquier actor. De que continúe una brecha con los intereses de China, la relación comercial entre estos dos podría empeorar. Esto porque además de restringir la entrada de productos chinos, las exportaciones tecnológicas se verán todavía más limitadas. En el marco de los cambios en las dinámicas de interacción encontrar un socio que se ajuste a sus necesidades no es fácil, menos con alta polarización.

Por otro lado, China ha restringido las exportaciones de minerales fundamentales en la manufactura de semiconductores, los cuales son usados para cualquier tipo de industria sofisticada, entre ellas la automotriz. Esto en respuesta a las medidas proteccionistas europeas las cuales Xi Jinping denuncia como acciones que politizan el comercio internacional. Claro que una calificación soberana negativa los socios comerciales se desincentivan en continuar con una cooperación en esta materia, sobre todo cuando existe un déficit de este grado y las condiciones geopolíticas no parecen facilitar el panorama.

Finalmente, con un cliente tan importante como Europa, China deberá cooperar para mantener su fortaleza industrial frente a la región. Mejorar su situación doméstica y reducir diferencias internacionales podría darle una mejor posición en el continente.

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