/ viernes 21 de agosto de 2020

Educación en casa

En menos de una semana comenzará el ciclo escolar oficial en México. Muchos papás de

niños pequeños están con los “pelos de punta” de sólo pensar que tendrán a los chicos todo

el día en la casa posiblemente hasta fin de año. Poniéndome en su lugar creo que me

sentiría tan abrumado como ellos.

Pero pensemos un poco juntos. La educación no siempre fue así como la conocemos hoy

día; con un sistema escolarizado que obliga a los niños desde muy temprana edad a

permanecer por largas horas fuera de sus casas. Ciertamente esto ayudó, especialmente a

muchas mamás y papás, que se vieron obligados a meter a sus hijos en las famosas

“guarderías” para poder trabajar. ¡Y qué bueno que exista esa posibilidad!

Pero yo me hago la pregunta: ¿No será acaso que nos volvimos una sociedad cada vez más

egoísta y “cómoda” que utiliza como excusa la necesidad de la escolarización para

“quitarse” a los niños de encima, “depositándolos” literalmente en las escuelas y

“guarderías”?

Hoy volvemos a tener los hijos en la casa, no por opción sino por necesidad. Quiero

animarte a que lo veas como un tiempo de gran oportunidad. Lo más seguro es que sea

transitorio. Por tanto, dale gracias a Dios que los tendrás ahí cerquita. Da gracias por los

recursos que la Secretaría de Educación pondrá a disposición.

A la escuela y los maestros que sin duda tienen que hacer esfuerzos extraordinarios para

cumplir con los programas en modalidad virtual. Pero por favor, no “deposites” a los chicos

en la sala frente al televisor o la computadora. Antes involúcrate, interésate, acompáñales.

Todo lo que necesitan es saber que no están solos.

Sobre todo, asume la responsabilidad por la educación integral de tus hijos: no me refiero a

enseñar matemáticas y ciencias, sino a educar en cuanto a los valores y las reglas básicas de

la convivencia: ser honesto, respetuoso, solidario; decir buenos días, buenas tardes, gracias,

por favor, permiso, mirar a los ojos cuando se habla, esperar el turno para hablar, juntar el

material, dejar limpio el espacio de trabajo, sentir satisfacción por una tarea bien hecha,

pero también frustración cuando no se ha logrado. Enséñales el gusto por el aprendizaje en

lugar de “aprender a sacarse diez”.

Cuando mis hijos eran pequeños vivíamos lejos de la escuela donde estudiaron. Un día

alguien me preguntó: ¿Por qué invierte tanto tiempo cruzando la ciudad teniendo escuelas

más cerca de su casa? Le respondí: ¡Es una oportunidad de pasar más tiempo con ellos

mientras vamos de camino! Es fue mi contingencia. ¡Te invito a que aproveches la tuya!

En menos de una semana comenzará el ciclo escolar oficial en México. Muchos papás de

niños pequeños están con los “pelos de punta” de sólo pensar que tendrán a los chicos todo

el día en la casa posiblemente hasta fin de año. Poniéndome en su lugar creo que me

sentiría tan abrumado como ellos.

Pero pensemos un poco juntos. La educación no siempre fue así como la conocemos hoy

día; con un sistema escolarizado que obliga a los niños desde muy temprana edad a

permanecer por largas horas fuera de sus casas. Ciertamente esto ayudó, especialmente a

muchas mamás y papás, que se vieron obligados a meter a sus hijos en las famosas

“guarderías” para poder trabajar. ¡Y qué bueno que exista esa posibilidad!

Pero yo me hago la pregunta: ¿No será acaso que nos volvimos una sociedad cada vez más

egoísta y “cómoda” que utiliza como excusa la necesidad de la escolarización para

“quitarse” a los niños de encima, “depositándolos” literalmente en las escuelas y

“guarderías”?

Hoy volvemos a tener los hijos en la casa, no por opción sino por necesidad. Quiero

animarte a que lo veas como un tiempo de gran oportunidad. Lo más seguro es que sea

transitorio. Por tanto, dale gracias a Dios que los tendrás ahí cerquita. Da gracias por los

recursos que la Secretaría de Educación pondrá a disposición.

A la escuela y los maestros que sin duda tienen que hacer esfuerzos extraordinarios para

cumplir con los programas en modalidad virtual. Pero por favor, no “deposites” a los chicos

en la sala frente al televisor o la computadora. Antes involúcrate, interésate, acompáñales.

Todo lo que necesitan es saber que no están solos.

Sobre todo, asume la responsabilidad por la educación integral de tus hijos: no me refiero a

enseñar matemáticas y ciencias, sino a educar en cuanto a los valores y las reglas básicas de

la convivencia: ser honesto, respetuoso, solidario; decir buenos días, buenas tardes, gracias,

por favor, permiso, mirar a los ojos cuando se habla, esperar el turno para hablar, juntar el

material, dejar limpio el espacio de trabajo, sentir satisfacción por una tarea bien hecha,

pero también frustración cuando no se ha logrado. Enséñales el gusto por el aprendizaje en

lugar de “aprender a sacarse diez”.

Cuando mis hijos eran pequeños vivíamos lejos de la escuela donde estudiaron. Un día

alguien me preguntó: ¿Por qué invierte tanto tiempo cruzando la ciudad teniendo escuelas

más cerca de su casa? Le respondí: ¡Es una oportunidad de pasar más tiempo con ellos

mientras vamos de camino! Es fue mi contingencia. ¡Te invito a que aproveches la tuya!