/ lunes 5 de agosto de 2019

LA POLÍTICA ES ASÍ

¿Opositor o satélite?

El próximo domingo 11 de agosto “la militancia” del Partido Revolucionario Institucional elegirá a sus dirigentes nacionales. El resultado de la elección se supo en forma por demás anticipada y el próximo presidente nacional del PRI será el gobernador con licencia de Campeche.

Para ganar tiene el apoyo total de los restos de la mermada nomenklatura del otrora invencible partido, ubicada en las cámaras del Congreso de la Unión y en once de las doce gubernaturas que detenta, entre las cuales destacan las de Coahuila, Estado de México, Hidalgo, Colima y Campeche, entidades en las cuales el PRI nunca ha perdido una elección estatal.

De las tres fórmulas que compiten, sólo dos de ellas son realmente competitivas, aun cuando los dados están cargados a favor de una de ellas.

Los integrantes de las dos fórmulas aludidas han tenido una larga y fructífera carrera partidaria, puesto que fueron beneficiados del dominio del PRI que ya terminó y se pudiera decir que son damnificados del poder perdido en las elecciones de julio de 2018, por lo tanto, dominaban y sabían los usos y costumbres del partido y que los cargos para los cuales fueron postulados y vencedores, fueron consecuencia de la maquinaria del PRI-gobierno.

Es más, los que presiden las fórmulas, ambos han sido gobernadores de sus respectivos estados y han desempeñado diversos cargos de elección popular, mientras que los aspirantes a la segunda posición de la fórmula, la candidata de la fórmula que ganará, pertenece a la élite político-económica del estado de Hidalgo del cual es originaria y, además, es cónyuge de un exgobernador de Coahuila con fama bien ganada de exitoso operador electoral.

Por su parte, el candidato de la otra fórmula fue dirigente nacional de la juventud popular y del Frente Juvenil Revolucionario, diputado federal, delegado en diversos estados y fue secretario de organización del Comité Ejecutivo Nacional del PRI durante el sexenio que se fue.

No obstante sus antecedentes partidarios y los generosos cargos a los cuales llegaron con el apoyo del PRI, ambos candidatos a presidirlo han dado visos o muestras claras de deslindarse del pasado reciente, especialmente el gobernador con licencia de Campeche, quien llegó al poder estatal con la venia del jefe nato del partido y con el total respaldo de la maquinaria electoral del mismo. Entre ellos, existe una profunda diferencia en relación a sus propuestas, mientras que uno (el gobernador con licencia) ofrece actuar para recuperar el poder perdido, su contrincante ha planteado la refundación del Partido, lo cual, si se recuerda a su constitución y evolución, es prácticamente imposible, toda vez que ambas acciones se generaron y se dieron desde la cúspide del poder del cual carece y carecería la aspirante que así lo ha propuesto

El candidato identificado con el apodo de “Alito” (nunca antes un dirigente nacional del PRI había sido identificado por un alias y mucho menos en diminutivo), será el vencedor el próximo domingo y, por lo tanto, como primeramente quedó asentado, será el próximo presidente del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, quien, como quedó anotado en el párrafo anterior, se ha propuesto y se ha fijado como meta la recuperación del poder, lo cual tampoco será posible en el corto ni en el mediano plazo pues enfrentaría la fuerza por ahora imbatible de AMLO y de su partido MORENA.

Tal vez en el largo, muy largo plazo sí podría, ya cuando se haya olvidada la gestión 2012-2018 que hundió al partido a la tercera posición, tal y como se desprende de la lectura del libro de Roberto Rock L. “La historia detrás del desastre.- Crónica de una herencia envenenada”, de Editorial Grijalbo, primera edición, México, junio de 2019.

La gestión del próximo dirigente nacional del PRI no será fácil, pues, reducidas sus posiciones y sobre todo sus prerrogativas, podría estar sujeto a la fuerza e influencia de los doce gobernadores del PRI, así como a los coordinadores parlamentarios del partido en ambas cámaras y a los dirigentes de sectores y organizaciones que también forman parte de las mismas.

Con recursos humanos y materiales recortados, solo tendrá amplio campo de acción en las veinte entidades restantes, siete de ellas gobernadas por MORENA, diez por el Partido Acción Nacional, una por el partido Movimiento Ciudadano, otra por el Partido de la Revolución Democrática y la restante por un candidato con el sello de independiente (?)

Luego pues, una vez obtenida la presidencia, las preguntas obligadas serán: ¿“Alito” tendrá la personalidad y fuerzas suficientes para enfrentar y superar, en primer término, a AMLO y a su partido, sobre todo al primero, quien con sus conferencias mañaneras fija la agenda del día a día; y en segundo lugar al PAN cuya tradición y presencia se institucionalizaron con su creación hace ochenta años, pero que trae consigo todas la fuerza histórica del conservadurismo que a partir de la independencia y tal vez desde antes, siempre ha estado presente en la disputa por la nación, y cuya presencia no decrecerá en beneficio del PRI o de otros partidos a pesar de la división interna que carcome de tiempo atrás su estructura interna y fortaleza nacional?

Además, ¿“Alito” podrá estructurar una propuesta que pueda sobreponerse a la derrota e imponerse al discurso de la 4T y al discurso antineoliberal, de corrupción, de impunidad y de desigualdad que le sirvieron a AMLO y a su partido para hacerse el poder y para conservar las tendencias a su favor, que fácilmente aún sobrepasan el 50% de las simpatías y preferencias ciudadanas, para que así pueda darse una futura alternancia y/o recuperación del poder en los tiempos por venir, tal vez no tan cercanos sino más bien lejanos?

Por lo pronto, el PRI y su nueva dirigencia, así como los demás partidos opositores enfrentarán el reto de disputar el poder en las elecciones intermedias de 2021 y en la renovación de las gubernaturas que tendrá lugar en ese año.

Mientras que los tiempos de acción se dan y se preparan para las próximas elecciones, la pregunta que sirve de título a la presente colaboración es ¿el PRI será y actuará como opositor a AMLO y a la 4T, o sólo será un partido satélite que acompañará (a su conveniencia) a aquél y a su partido en el ejercicio del poder presidencial y en los estados donde gobierna y gobernará en el resto del sexenio?

La respuesta está en “Alito” y la nomenklatura del PRI que lo conducirá a la victoria el próximo 11 de agosto.

Veremos y diremos.

¿Opositor o satélite?

El próximo domingo 11 de agosto “la militancia” del Partido Revolucionario Institucional elegirá a sus dirigentes nacionales. El resultado de la elección se supo en forma por demás anticipada y el próximo presidente nacional del PRI será el gobernador con licencia de Campeche.

Para ganar tiene el apoyo total de los restos de la mermada nomenklatura del otrora invencible partido, ubicada en las cámaras del Congreso de la Unión y en once de las doce gubernaturas que detenta, entre las cuales destacan las de Coahuila, Estado de México, Hidalgo, Colima y Campeche, entidades en las cuales el PRI nunca ha perdido una elección estatal.

De las tres fórmulas que compiten, sólo dos de ellas son realmente competitivas, aun cuando los dados están cargados a favor de una de ellas.

Los integrantes de las dos fórmulas aludidas han tenido una larga y fructífera carrera partidaria, puesto que fueron beneficiados del dominio del PRI que ya terminó y se pudiera decir que son damnificados del poder perdido en las elecciones de julio de 2018, por lo tanto, dominaban y sabían los usos y costumbres del partido y que los cargos para los cuales fueron postulados y vencedores, fueron consecuencia de la maquinaria del PRI-gobierno.

Es más, los que presiden las fórmulas, ambos han sido gobernadores de sus respectivos estados y han desempeñado diversos cargos de elección popular, mientras que los aspirantes a la segunda posición de la fórmula, la candidata de la fórmula que ganará, pertenece a la élite político-económica del estado de Hidalgo del cual es originaria y, además, es cónyuge de un exgobernador de Coahuila con fama bien ganada de exitoso operador electoral.

Por su parte, el candidato de la otra fórmula fue dirigente nacional de la juventud popular y del Frente Juvenil Revolucionario, diputado federal, delegado en diversos estados y fue secretario de organización del Comité Ejecutivo Nacional del PRI durante el sexenio que se fue.

No obstante sus antecedentes partidarios y los generosos cargos a los cuales llegaron con el apoyo del PRI, ambos candidatos a presidirlo han dado visos o muestras claras de deslindarse del pasado reciente, especialmente el gobernador con licencia de Campeche, quien llegó al poder estatal con la venia del jefe nato del partido y con el total respaldo de la maquinaria electoral del mismo. Entre ellos, existe una profunda diferencia en relación a sus propuestas, mientras que uno (el gobernador con licencia) ofrece actuar para recuperar el poder perdido, su contrincante ha planteado la refundación del Partido, lo cual, si se recuerda a su constitución y evolución, es prácticamente imposible, toda vez que ambas acciones se generaron y se dieron desde la cúspide del poder del cual carece y carecería la aspirante que así lo ha propuesto

El candidato identificado con el apodo de “Alito” (nunca antes un dirigente nacional del PRI había sido identificado por un alias y mucho menos en diminutivo), será el vencedor el próximo domingo y, por lo tanto, como primeramente quedó asentado, será el próximo presidente del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, quien, como quedó anotado en el párrafo anterior, se ha propuesto y se ha fijado como meta la recuperación del poder, lo cual tampoco será posible en el corto ni en el mediano plazo pues enfrentaría la fuerza por ahora imbatible de AMLO y de su partido MORENA.

Tal vez en el largo, muy largo plazo sí podría, ya cuando se haya olvidada la gestión 2012-2018 que hundió al partido a la tercera posición, tal y como se desprende de la lectura del libro de Roberto Rock L. “La historia detrás del desastre.- Crónica de una herencia envenenada”, de Editorial Grijalbo, primera edición, México, junio de 2019.

La gestión del próximo dirigente nacional del PRI no será fácil, pues, reducidas sus posiciones y sobre todo sus prerrogativas, podría estar sujeto a la fuerza e influencia de los doce gobernadores del PRI, así como a los coordinadores parlamentarios del partido en ambas cámaras y a los dirigentes de sectores y organizaciones que también forman parte de las mismas.

Con recursos humanos y materiales recortados, solo tendrá amplio campo de acción en las veinte entidades restantes, siete de ellas gobernadas por MORENA, diez por el Partido Acción Nacional, una por el partido Movimiento Ciudadano, otra por el Partido de la Revolución Democrática y la restante por un candidato con el sello de independiente (?)

Luego pues, una vez obtenida la presidencia, las preguntas obligadas serán: ¿“Alito” tendrá la personalidad y fuerzas suficientes para enfrentar y superar, en primer término, a AMLO y a su partido, sobre todo al primero, quien con sus conferencias mañaneras fija la agenda del día a día; y en segundo lugar al PAN cuya tradición y presencia se institucionalizaron con su creación hace ochenta años, pero que trae consigo todas la fuerza histórica del conservadurismo que a partir de la independencia y tal vez desde antes, siempre ha estado presente en la disputa por la nación, y cuya presencia no decrecerá en beneficio del PRI o de otros partidos a pesar de la división interna que carcome de tiempo atrás su estructura interna y fortaleza nacional?

Además, ¿“Alito” podrá estructurar una propuesta que pueda sobreponerse a la derrota e imponerse al discurso de la 4T y al discurso antineoliberal, de corrupción, de impunidad y de desigualdad que le sirvieron a AMLO y a su partido para hacerse el poder y para conservar las tendencias a su favor, que fácilmente aún sobrepasan el 50% de las simpatías y preferencias ciudadanas, para que así pueda darse una futura alternancia y/o recuperación del poder en los tiempos por venir, tal vez no tan cercanos sino más bien lejanos?

Por lo pronto, el PRI y su nueva dirigencia, así como los demás partidos opositores enfrentarán el reto de disputar el poder en las elecciones intermedias de 2021 y en la renovación de las gubernaturas que tendrá lugar en ese año.

Mientras que los tiempos de acción se dan y se preparan para las próximas elecciones, la pregunta que sirve de título a la presente colaboración es ¿el PRI será y actuará como opositor a AMLO y a la 4T, o sólo será un partido satélite que acompañará (a su conveniencia) a aquél y a su partido en el ejercicio del poder presidencial y en los estados donde gobierna y gobernará en el resto del sexenio?

La respuesta está en “Alito” y la nomenklatura del PRI que lo conducirá a la victoria el próximo 11 de agosto.

Veremos y diremos.

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