/ martes 13 de julio de 2021

La política es así

La 4T dividida sería vencida. La división se podría derivar de la sucesión adelantada promovida por el presidente, quien ya ha citado los nombres de los precandidatos con miras a que uno de ello sea su sucesor. Por supuesto, previa la consecución del triunfo en las urnas en julio de 2024.

Es más, el día de ayer en la mañanera se autonombró como “el destapador” de “la “corcholata” que elegiría el pueblo.

En los pasillos del poder, se sabe que de los seis, dos son los preferidos, pero sin descontar que pudiera ascender para ser la actual secretaria de Economía, cuyas relaciones con la potencia del norte la podrían llevar a la candidatura y luego, tal vez, al triunfo.

No pasa desapercibido que un miembro relevante de la 4T que ha ascendido con luz propia y que no se ha distinguido por su sometimiento al poder, podría ser un factor muy importante para no generar división y, también para, por qué no, ser el candidato y luego el triunfador y sucesor. Él es el actual coordinador de la mayoría parlamentaria de Morena en el Senado y, además, presidente de la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Senadores.

Al margen de que el triunfo en las elecciones de 2024 dependerá en gran medida de la gestión presidencial y para que sean los más que estén a su favor que los contrarios, dentro de la polarización constante y creciente que vive el país en un maniqueísmo en toda su crudeza.

La sucesión adelantada, bien se puede relacionar con la frase que forma parte del argot político mexicano, la cual hacía referencia a “la caballada flaca” conformada por los aspirantes presidenciales, o bien a la pasarela de la década de los ochenta, montada sólo para cubrir y encubrir al candidato del presidente que lo fue desde el inicio del sexenio (1982-1988), la cual devino en la división en el partido hegemónico que se tradujo en un triunfo muy cuestionable que a la fecha persiste.

Un viejo lobo de la política mexicana como lo es el actual presidente que de todas se las sabe todas y que ha agregado algunas más de su propia cosecha, sabe muy bien que si no se evita la división y no se controla “la efusión” de militantes y simpatizantes de Morena y de la 4T, con todo y la fuerza presidencial validada por los programas sociales cuyos beneficiarios en su mayoría se transforman en votos a favor del presidente, de su partido y, por ende, del futuro candidato(a), podría estar en peligro la conservación del poder, a pesar de que hoy por hoy no aparecen liderazgos que pudieren competir, de poder a poder, con la fuerza que, conserva y conservará durante un buen tiempo el hoy presidente..

A manera de fortaleza argumentativa, habría que recordar que el modelo de la sucesión presidencial consistente en que el presidente en turno deje a su sucesor, la estableció Lázaro Cárdenas quien designó a su sucesor y que provocó la primera gran escisión con tintes cruentos de la “clase política revolucionaria”.

En la sucesión presidencial de 1952 se dio la segunda gran división que no fue incruenta, mientras que en las sucesiones de 1958, 1964, 1970 y 1976, si bien, no se dio división que repercutiera en la elección presidencial, aun cuando todas estuvieron envueltas o cercanas en claras rebeliones de tiente social en contra del poder absoluto presidencial.

De 1976 a 1982 se dio la pugna por el poder entre los políticos y los tecnócratas en la cual vencieron éstos, y que al final provocó la creación de la corriente democrática que luego se transformó en el Frente Democrático Nacional, el cual, como ya se dijo, para muchos, venció en las elecciones de 1992.

De 1994 a 2018 la división persistió.

La sucesión adelantada, bien se puede relacionar con la frase muy mexicana “la caballada flaca”.

El modelo de la sucesión consistente en que el presidente en turno deje a su sucesor, la estableció Lázaro Cárdenas.

La 4T dividida sería vencida. La división se podría derivar de la sucesión adelantada promovida por el presidente, quien ya ha citado los nombres de los precandidatos con miras a que uno de ello sea su sucesor. Por supuesto, previa la consecución del triunfo en las urnas en julio de 2024.

Es más, el día de ayer en la mañanera se autonombró como “el destapador” de “la “corcholata” que elegiría el pueblo.

En los pasillos del poder, se sabe que de los seis, dos son los preferidos, pero sin descontar que pudiera ascender para ser la actual secretaria de Economía, cuyas relaciones con la potencia del norte la podrían llevar a la candidatura y luego, tal vez, al triunfo.

No pasa desapercibido que un miembro relevante de la 4T que ha ascendido con luz propia y que no se ha distinguido por su sometimiento al poder, podría ser un factor muy importante para no generar división y, también para, por qué no, ser el candidato y luego el triunfador y sucesor. Él es el actual coordinador de la mayoría parlamentaria de Morena en el Senado y, además, presidente de la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Senadores.

Al margen de que el triunfo en las elecciones de 2024 dependerá en gran medida de la gestión presidencial y para que sean los más que estén a su favor que los contrarios, dentro de la polarización constante y creciente que vive el país en un maniqueísmo en toda su crudeza.

La sucesión adelantada, bien se puede relacionar con la frase que forma parte del argot político mexicano, la cual hacía referencia a “la caballada flaca” conformada por los aspirantes presidenciales, o bien a la pasarela de la década de los ochenta, montada sólo para cubrir y encubrir al candidato del presidente que lo fue desde el inicio del sexenio (1982-1988), la cual devino en la división en el partido hegemónico que se tradujo en un triunfo muy cuestionable que a la fecha persiste.

Un viejo lobo de la política mexicana como lo es el actual presidente que de todas se las sabe todas y que ha agregado algunas más de su propia cosecha, sabe muy bien que si no se evita la división y no se controla “la efusión” de militantes y simpatizantes de Morena y de la 4T, con todo y la fuerza presidencial validada por los programas sociales cuyos beneficiarios en su mayoría se transforman en votos a favor del presidente, de su partido y, por ende, del futuro candidato(a), podría estar en peligro la conservación del poder, a pesar de que hoy por hoy no aparecen liderazgos que pudieren competir, de poder a poder, con la fuerza que, conserva y conservará durante un buen tiempo el hoy presidente..

A manera de fortaleza argumentativa, habría que recordar que el modelo de la sucesión presidencial consistente en que el presidente en turno deje a su sucesor, la estableció Lázaro Cárdenas quien designó a su sucesor y que provocó la primera gran escisión con tintes cruentos de la “clase política revolucionaria”.

En la sucesión presidencial de 1952 se dio la segunda gran división que no fue incruenta, mientras que en las sucesiones de 1958, 1964, 1970 y 1976, si bien, no se dio división que repercutiera en la elección presidencial, aun cuando todas estuvieron envueltas o cercanas en claras rebeliones de tiente social en contra del poder absoluto presidencial.

De 1976 a 1982 se dio la pugna por el poder entre los políticos y los tecnócratas en la cual vencieron éstos, y que al final provocó la creación de la corriente democrática que luego se transformó en el Frente Democrático Nacional, el cual, como ya se dijo, para muchos, venció en las elecciones de 1992.

De 1994 a 2018 la división persistió.

La sucesión adelantada, bien se puede relacionar con la frase muy mexicana “la caballada flaca”.

El modelo de la sucesión consistente en que el presidente en turno deje a su sucesor, la estableció Lázaro Cárdenas.

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