/ miércoles 10 de julio de 2019

Mexicanos trumpistas

La migración un problema global. Sus causas son económicas, políticas y ambientales. Debemos salir del aldeanismo que promueve el presidente y estar a la altura de los retos que afronta el mundo.

El tema es, naturalmente, complejo y hay infinidad de materias que deben atenderse para entender uno de los grandes retos de nuestro tiempo. Ahora me interesa señalar un punto que me parece gravísimo: el creciente ánimo antiinmigrante de un sector importante (por no decir mayoritario) de nuestro país.

Es realmente penoso ver el catálogo de falacias, falsos dilemas, hipocresía y doble moral que uno lee y escucha en contra de las personas que huyen de condiciones inhumanas. Hay racismo explícito y vulgar, estigmatización más o menos maquillada y algo de empatía mezclada con un individualismo ramplón: pobrecitos, pero que cada quien le haga como pueda, el mundo es así.

Si vamos a jugarle al esencialista, nuestro laberinto de la soledad del siglo XXI ya no es el que nace del dilema entre lo español y lo prehispánico, sino entre nuestra posición respecto a Estados Unidos y Centroamérica. Hay lugares en nuestro país en que se vive casi como en esas regiones.

Es imposible obtener una respuesta sensata cuando al mexicano antiinmigrante se le pregunta: ¿entonces los mexicanos que cruzan la frontera son buenos y chambeadores y los centroamericanos que entran nuestro país son criminales y flojos?

La romantización del paisano que a veces raya en la cursilería contrasta con el clasismo que además homogeniza Centroamérica sin atender los contextos específicos de cada país y sus problemas. Recuerdan a los comentaristas de Fox News (medio afín a Trump) cuando se refirieron a El Salvador, Honduras y Guatemala como “países mexicanos”.

El “argumento” de cajón que utilizan es que en México ya tenemos suficientes problemas como para recibir y “mantener” a extranjeros. Una vez más: Los mexicanos que migran no van a vivir en la opulencia sino en busca de trabajo y mejores condiciones de vida.

Además, según los expertos, la evidencia muestra que a la larga los inmigrantes influyen en la mejora de la economía del país adoptado. Las remesas contribuyen en gran medida a la economía mexicana pero también Estados Unidos se beneficia de la mano de obra mexicana.

Me parece poco probable que surja en México en el corto plazo un partido antiinmigrante a escala nacional (como los hay en ascenso en Europa), pero no dudo en que no tarde algún político de cualquier partido en acabar de despertar la xenofobia que, como en Estados Unidos antes del 2016, estaba latente. Lo demás ya esa historia.

La migración un problema global. Sus causas son económicas, políticas y ambientales. Debemos salir del aldeanismo que promueve el presidente y estar a la altura de los retos que afronta el mundo.

El tema es, naturalmente, complejo y hay infinidad de materias que deben atenderse para entender uno de los grandes retos de nuestro tiempo. Ahora me interesa señalar un punto que me parece gravísimo: el creciente ánimo antiinmigrante de un sector importante (por no decir mayoritario) de nuestro país.

Es realmente penoso ver el catálogo de falacias, falsos dilemas, hipocresía y doble moral que uno lee y escucha en contra de las personas que huyen de condiciones inhumanas. Hay racismo explícito y vulgar, estigmatización más o menos maquillada y algo de empatía mezclada con un individualismo ramplón: pobrecitos, pero que cada quien le haga como pueda, el mundo es así.

Si vamos a jugarle al esencialista, nuestro laberinto de la soledad del siglo XXI ya no es el que nace del dilema entre lo español y lo prehispánico, sino entre nuestra posición respecto a Estados Unidos y Centroamérica. Hay lugares en nuestro país en que se vive casi como en esas regiones.

Es imposible obtener una respuesta sensata cuando al mexicano antiinmigrante se le pregunta: ¿entonces los mexicanos que cruzan la frontera son buenos y chambeadores y los centroamericanos que entran nuestro país son criminales y flojos?

La romantización del paisano que a veces raya en la cursilería contrasta con el clasismo que además homogeniza Centroamérica sin atender los contextos específicos de cada país y sus problemas. Recuerdan a los comentaristas de Fox News (medio afín a Trump) cuando se refirieron a El Salvador, Honduras y Guatemala como “países mexicanos”.

El “argumento” de cajón que utilizan es que en México ya tenemos suficientes problemas como para recibir y “mantener” a extranjeros. Una vez más: Los mexicanos que migran no van a vivir en la opulencia sino en busca de trabajo y mejores condiciones de vida.

Además, según los expertos, la evidencia muestra que a la larga los inmigrantes influyen en la mejora de la economía del país adoptado. Las remesas contribuyen en gran medida a la economía mexicana pero también Estados Unidos se beneficia de la mano de obra mexicana.

Me parece poco probable que surja en México en el corto plazo un partido antiinmigrante a escala nacional (como los hay en ascenso en Europa), pero no dudo en que no tarde algún político de cualquier partido en acabar de despertar la xenofobia que, como en Estados Unidos antes del 2016, estaba latente. Lo demás ya esa historia.

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